Conectarse

Recuperar mi contraseña


Últimos temas
» Hunter's brotherhood. Cambio de botones, afiliacion elite
Sáb Mayo 18, 2013 5:20 am por Invitado

» IMPORTANTE - Sobre las fichas
Jue Nov 08, 2012 1:59 am por Eingel Yul

» Eloisse Aspurg [en proceso]
Miér Oct 31, 2012 1:54 am por Eloisse Aspurg

» Registro de empleo
Mar Oct 23, 2012 9:44 pm por Aïniriel

» Registro de avatar
Mar Oct 23, 2012 9:43 pm por Aïniriel

» Ficha de Aïniriel
Mar Oct 23, 2012 9:40 pm por Jon Winter

» Aerandir, el mundo desconocido. l Afiliación normal l
Mar Oct 23, 2012 10:28 am por Invitado

» Ficha de Jon Winter
Sáb Oct 20, 2012 10:07 am por Eloisse Aspurg

» Ficha modelo
Miér Oct 17, 2012 9:31 pm por Jon Winter

El contenido de este foro está sujeto a la licencia de Creative Commons. El plagio parcial o total de los personajes, los temas personales o cualquier otro dato perteneciente a los usuarios y a la administración será denunciado a foroativo.
Licencia Creative Commons

Back to the past, por Lucas Flynt

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Back to the past, por Lucas Flynt

Mensaje por Lucas Flynt el Miér Ago 15, 2012 4:13 am

Se encontraban en pleno invierno norteño, y aquel día estaba siendo particularmente frío, demasiado para estar en el mes de febrero. Lucas se encontraba jugando con sus muñecos de madera en su habitación; aquel día, sir Tragón y sir Bribón participaban en un torneo de justas para honrar a la Reina de la Cerveza, y el ganador se llevaría suministro de por vida. Por el momento, ambos caballeros iban muy igualados: sir Bribón era mejor jinete, pero sir Tragón era más grande y tenía más fuerza; ambos iban dos a dos, empate.

Entonces, un jadeo de su madre, acompañado de unas palabras de ánimo de su padre, le llegaron a través de la puerta cerrada del dormitorio de sus padres. Lucas interrumpió un momento las justas y dejó a sir Tragón y sir Bribón descansando sobre la mesa mientras, nervioso, se levantaba e iba a apoyar la oreja contra la puerta. Cualquier cosa con tal de poner fin a ese nerviosismo; sus padres llevaban horas encerrados ahí con un par de sanadores enviados por el mismísimo rey. Ventajas de servir en su Guardia Real, según había dicho Brandon. Pero Lucas no lo veía así. Si habían venido ayudar, ¿por qué hacían gritar tanto a su madre?

Mas sabía lo que iba a pasar, lo había visto otras veces a lo largo de aquellos diez años, aunque hasta entonces siempre con desastrosos resultados. Su padre, como ánimo y apoyo moral. Los sanadores, como expertos médicos para extirpar al bebé del vientre materno. Pero todos los bebés hasta la fecha habían nacido muertos, algunos incluso con deformidades genéticas y otros mucho antes de lo que les tocaba. Solo aquella vez parecía estar siendo la buena, la de verdad. Lucas deseó con todas sus fuerzas que fuese así. Él siempre había sido como sir Bribón. Ahora necesitaba a un sir Tragón para dar comienzo al torneo por la Reina de la Cerveza.

Un nuevo jadeo quejumbroso de Gwendoline hizo que Lucas pegase la oreja a la puerta, como si se hubiese movido por algún resorte.

- Ugggggg... hhmmm... AAAAAAH! - Lucas se mordió el labio. Aquel grito no había sido precisamente de placer.

- Lo estás haciendo muy bien, Gwen - por el sonido, como de succión, parecía que Brandon acababa de dar un tierno y sonoro beso a su esposa - Ya falta muy poco, ya se le ve la cabeza

- Adelante, Lady Flynt, empujad - la voz, carente de emoción y desconocida para Lucas, seguramente proviniese de alguno de los dos sanadores - Ya ha pasado la peor parte; empujad y esto terminará muy pronto

"Vamos, Madre, empuja". Los jadeos de esfuerzo y dolor de la habitación demostraron que la madre había hecho caso de los pensamientos del hijo, a quien en cualquier momento se le iba a salir el corazón por la boca. "Ya falta poco, han dicho que esto va a terminar pronto...". Y, como en tantas otras ocasiones, los sanadores tuvieron razón. Media hora después, Lucas casi se cayó encima de uno de los sanadores cuando este abrió la puerta. La reprimenda que se temía nunca llegó. Los sanadores se dirigieron hacia la puerta y salieron al exterior, y ya no volvieron a entrar.

- Lucas, ¿qué haces ahí parado? Aquí hay alguien que quiere conocerte.

El corazón le latía desbocado mientras no podía disimular una sonrisa de oreja a oreja. Por fin, sir Bribón y sir Tragón, juntos en carne y hueso. Y encima hermanos. ¡Cuántas canciones hablarán de la fortuna de los dos hermanos, el guapo y apuesto sir Bribón y el bajito, gordo y feo sir Tragón! Sin saber como, ya se encontraba en el borde de la cama, y contemplaba muy ilusionado a la pequeña bolita rosada que dormía enredada en un montón de mantas.

- ¿Qué te parece, Lucas? - preguntó su madre. Con una sonrisa igual de amplia y radiante que la de su hijo de diez años, cualquiera habría podido asegurar el parentesco entre ambos.

Lucas meditó unos instantes la respuesta como si se tratase de un adulto: con una mano en la barbilla y el ceño ligeramente fruncido.

- No es el sir Tragón que me había imaginado, pero creo que servirá.

Su respuesta le pareció muy seria para tratarse de alguien de su edad; por eso, no entendió la carcajada que siguió a ella, tanto de su padre como de su madre. Entonces, el bebé comenzó a llorar, despertado por el ruido repentino de aquella habitación, y la madre comenzó a mecerlo tiernamente en sus brazos.

- ¿Veis? A él tampoco le ha hecho gracia, no era ningún chiste.

Notó como una mano se le posaba en el hombro y al girarse vio que pertenecía a su padre. Este aún mostraba una sombra de su antigua carcajada, a jusgar por la tirantez de sus labios, pero logró aguantarse la risa.

- No es ningún sir Tragón, Lucas. Es Lady Tragona.

A Lucas le costó poco tiempo darse cuenta de lo que aquello significaba.

- ¿Acaso es una niña? ¿Me estás diciendo que es una niña?

Sus padres asintieron, y Lucas no pudo controlar las lágrimas que afloraban a sus ojos. Nada de sir Tragón. Sir Bribón volvía a estar solo, y sin Reina de la Cerveza a la que honrar, pues la misma Reina de la Cerveza se daría un festín en su honor. Lucas salió corriendo de allí y se metió en su habitación dando un portazo, sin decir ni una sola palabra más.

***

Hacía unas horas había amanecido, y su padre hacía otras tantas que estaba en el castillo, sirviendo al reino y a su rey. Su madre había salido hacía un rato a por más leños para la chimenea. Y Lucas y la Reina de la cerveza se habían quedado solos en la casa, no sabía por cuanto tiempo.

Al principio, Lucas no había querido acercarse a la habitación de sus padres. Se había coemtido un error, y no entraría hasta que lo reparasen. En el fondo, sabía que era una postura estúpida, propia más de un crío de cinco años que de uno de diez,... pero ¡al cuerno con ello! Él siempre había echado en falta a un sir Tragón. Y lo seguiría haciendo. De modo que, cuando oyó el llanto desconsolado del bebé, trató de hacerle caso omiso mientras engullía vorazmente su desayuno improvisado, a base de manzanas y otras tantas futas que encontró en la cocina. pero llegó un momento que ya no aguantaba más... y no le quedó otra que enfrentarse a aquello.

Con paso decidido, y los puños apretados a ambos lados del cuerpo, Lucas rodeó la habitación de sus padres hasta situarse delante de la cuna de su hermana; simplemente un montón de leños clavados en forma de caja sin tapa. En ese momento, Lucas se dio cuenta de lo feo... lo fea que era, toda gorda y rosada, y más rosada aún por el esfuerzo de aquel llanto que parecía que no iba a tener fin. Con rapidez, casi con furia, Lucas lanzó los brazos a la cuna y cogió a su hermana sin muchos miramientos hasta apoyársela junto a su pecho.

- ¿Y ahora qué, eh?

La pequeña se sobresaltó, como si no hubiese esperado oír aquella voz, como si la estuviese oyendo por primera vez. Para el asombro de su hermano mayor, el bebé dejó de llorar poco a poco mientras abría los párpados y dejaba que sus ojos se acostumbrasen a la luz. Unos ojos de color azul como el mismísimo hielo.

- Tienes unos ojos muy bonitos, ¿lo sabías? - Lucas no se dio cuenta, pero estaba sonriendo - Tan grandes y azules... Preciosos. Nada que ver con los míos, marrones como la...

- ¡Lucas!

El grito de su madre lo sobresaltó. No sabía cuanto tiempo llevaba en la puerta. Habría dejado a su hermana en la cuna de haber podido hacer reaccionar a sus músculos.

- Lucas, ¿qué se supone que haces con tu hermana?

- Y-yo s-solo... solo vine a ver que pasaba, por que lloraba tanto.

- Ahora no está llorando.

Su madre tenía razón. Su hermana ya no lloraba. Lucas sonrió, le cogió con una de sus manos uno de sus pequeños puñitos rosados con dedos minúsculos y regordetes, y empezó a hacerle monerías.

- No, ya no. Por algo soy sir Bribón.

Sonrió y volvió a girar la cabeza para ver una vez más a su hermana. Y pudo ver como esta se llevaba lentamente su puñito, con la mano de su hermano sobre él, a la boca, y empezó a succionarlo con inusitada avidez.

- M-ma... ¡mamá!

- Ya voy, ya voy - dijo la mujer con voz cansada. Le quitó el bebé de los brazos a su hijo y se sentó con él en la cama mientras se descubría un pecho - Es solo que tu hermana tiene hambre; no sé a quien ha salido, pero menudas tragaderas que tiene, se pasa todo el día mamando.

Lucas se quedó quieto donde estaba, viendo como el bebé mamaba con avidez del pecho de su madre. Y aunque el niño tenía miedo de que aquello le dejase a su madre los pechos como una pasa, no podía evitar sentirse maravillado y orgulloso de aquella bola regordeta y rosada que era su hermana.

Aquella no era la Reina de la Cerveza. Era Lady Tragona.




avatar
Lucas Flynt
Ejército de renegados
Ejército de renegados

Mensajes : 34
Fecha de inscripción : 08/08/2012
Edad : 36

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.